martes, 1 de diciembre de 2015

Centro de prevención de Femicidios.



1-    Femicidio es el acto de matar a una mujer.
2-    El Femicidio es un proceso.
3-    Como todo proceso tiene etapas, cuya culminación es el homicidio de una persona del género femenino.
4-    Al ser un proceso que se desarrolla en el tiempo, mediante una asistencia concreta puede ser prevenido.

Antes de continuar, voy a extenderme sobre el tema suicidio, haciendo una equivalencia con homicidio-femicidio:

1-    El suicidio viene del latín suicidium, de sui, sí mismo, y caedĕre, matar, es el acto de matarse a uno mismo.
2-    El suicidio es un proceso.
3-    Como todo proceso tiene etapas, cuya culminación es la muerte de una persona por sus propios medios.
4-    Al ser un proceso que se desarrolla en el tiempo, mediante una asistencia concreta puede ser prevenido.
5-    Un ejemplo de la teorización de este proceso lo hizo el suicidiologo licenciado en psicología Carlos Boronat, ex presidente del Centro de Asistencia al Suicida:

“Un hecho cotidiano se convierte en una dificultad. Si no es solucionado puede convertirse en una crisis. Pasado un tiempo sin solución comienza a aparecer las fantasías negativas, luego el o los intentos hasta finalmente concertar el suicidio.”

Al observar, por los medios de comunicación, los casos actuales de concreción del femicidio en la Argentina, podemos ver que en la gran mayoría de los casos se reportan hechos de violencia previos, tanto físicos como psicológicos.
La propuesta es crear un centro de asistencia al “femicida” (figura que hace referencia a una persona que piensa en cometer el acto femicida o que ya lo cometió) que opere de manera telefónica y anónima con la finalidad de hacer prevención. A su vez que este centro esté conectado con los centros de salud mental del país, que se encuentran en centros de salud y hospitales, para derivaciones.
El probable femicida, al igual que el suicida poco a poco va viendo una salida. En un caso es la propia muerte, en otro la muerte de la otra.
En la Edad Media la Iglesia Católica consideraba al suicidio como un homicidio contra uno mismo, y por eso era un pecado. Hoy en día algunas psiquiatras sostienen el mismo paralelismo, o hacen la alusión a “dos caras de la misma moneda”.
Esta propuesta se basa a partir de la ley 26.485, ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales, sancionada en Marzo 11 de 2009.
La idea es crear una línea similar a la 144 pero para hombres.
También se quiere romper con el binomio víctima – victimario, modo de razonamiento muy simplista.

Causas

Actualmente, el femicida es un ser humano del género masculino que asesina a otro ser humano, por ser del género femenino.
Para comprender esta problemática debemos prestar atención a como es un hombre, es este caso, un hombre argentino inmerso en una cultura occidental-sudamericana y que imagen, por otra parte, que trato tenemos a nivel social-cultural del femicida:
·         En primer lugar, la tendencia general es la supresión desde muy temprano del desarrollo emocional del varón. Partiendo de la concepción del ser humano como ser mente-cuerpo-alma, ser que piensa-hace-siente respectivamente, este hecho que puede graficarse con la expresión “un macho no llora” o “no seas maricón” genera una atrofia emocional que tiene por consecuencia una distorsión, a posteriori, en la relación vincular con una pareja. Hecho que se repite de generación en generación de padres a hijos.
Un ejemplo concreto que suele escucharse de esto, por parte de la persona que cometió el femicidio es: “La maté porque era mía”, dando cuenta de una creencia de base imaginaria de posesión de un ser humano sobre otro ser humano. La ilusión de la posesión, consecuencia de una inmadurez emocional y de una sociedad capitalista, produce la distorsión de la realidad que trae como consecuencia maltrato hacia “la otra”, y en algunos pocos casos hasta la terminación de “la otra”. El modelo de razonamiento basado en una cultura de la posesión, como vivimos, “la otra” es un objeto, y como todos los objetos, son descartables.
·         A su vez, la segunda parte del problema es la estigmatización de la figura del hombre golpeador o de la figura del femicida. Al ser juzgado, este ser humano pasa de hombre a escoria, sin ser escuchado ni entendido. Sin un lugar que lo aloje.
Tomando en cuenta el acto del femicida como un proceso, cuando este hombre tiene fantasías o ideaciones de homicidio, no tiene a donde recurrir actualmente, quedando solo con este proceso y en dirección a ver un camino, la eliminación de “la otra”

Actualmente la sociedad actual trabaja sobre las consecuencias, o la víctima. Mi propuesta es ir a las causas, al llamado victimario. Escuchar en vez de juzgar.

El suicidio es un problema social. El primer estudio del suicidio fue hecho por un sociólogo de nombre Durkheim. Lo mismo ocurre con el homicidio. Es un problema que nos atañe a todos y entre todos debe ser tratado.


Glosario
Femicidio: es el acto de matar a una persona por el hecho de ser mujer.
Femicida: figura que hace referencia a una persona que piensa en cometer el acto femicida o que ya lo cometió.
Cultura de la posesión: Se dice de la cultura dónde todo puede ser reducido a objeto posible de ser poseído y por ende de intercambio o descarte. Muy común de encontrar en sociedades capitalistas del siglo XX y XXI.
Atrofia emocional: Dícese de aquella persona, sea hombre o mujer, que no ha desarrollado sus facultades emocionales a un estado de madurez equilibrada. 
Lic. Francisco J. Piagentini

martes, 24 de febrero de 2015

Series: Nuevo paradigma, nuevos sujetos.



Hoy las series incluyen nuevas características que hacen que estemos en presencia de un nuevo paradigma. No son las mismas series que se veían antes como MacGyver, El Zorro, Los Simpsons o Star Trek, que mantenían los personajes y cierta lógica argumental entre capítulos pero no había continuidad, empezaba con un problema que generaba una cadena de situaciones pero para el final del capítulo todo volvía a la normalidad, todo seguía igual. Era todo un evento el famoso “capitulo doble”, que a veces presenciábamos en un final de temporada y se disfrutaban mucho. Y si te lo perdías, más vale que tu videocasetera de VHS lo haya grabado así después podías disfrutarlo. 

Hoy acercándose a la línea argumental del cine, las series cuentan a lo largo de varias temporadas una misma historia con una un mismo hilo conductor, dónde los personajes van cambiando, las relaciones entre ellos mutan e incluso ya aparece la posibilidad de que se mueran (otra novedad, véase Game of Thrones o The Walking Dead por nombrar unos ejemplos). 

A su vez tenemos mejores producciones, se está inyectando más dinero, han mejorado los guiones de manera considerable, las direcciones y montajes de escenas no tienen nada que envidiarle a Hollywood en originalidad y calidad (han empezado a emigrar directores de cine a series como Woody Allen),  se han sumado actores de gran talla como Kevin Spacey en House of Cards o Sean Bean en Game of Thrones.

Pero, nada de esto sería lo que sería si no fuera por Internet (sí, así en mayúscula) y las plataformas de streaming como Netflix, Hulu o Amazon por nombrar las más conocidas. Acá es dónde pongo el acento en nuevo paradigma.
Netflix el primero de febrero del 2013 subió a su plataforma todos los capítulos de la primera temporada de House of Cards juntos. Esto es un antes y un después en el modo de ver series señores y señoras y están en todo su derecho! La entrega semanal era debido a las restricciones terrenales de la televisión, pero hoy cada vez más gente ve series en Internet, y no existe tal impedimento para esperar.

Damos la bienvenida a una nueva palabrita a nuestro léxico: El binger, Binge-watching o también llamado según Wikipedia (en inglés) binge-viewing. Hoy muy poco difundida pero quien escribe estima que alcanzara su popularidad, el Binge-watching según mi libre traducción sería como darse una “Panzada” de series o Atracón de series. Ahora el espectador, libre de las restricciones de otras plataformas primitivas, puede devorar hasta la fatiga, de manera continuada, muchos capítulos seguidos. En Netflix termina un capitulo y ya pone a cargar el siguiente con unos pocos segundos de espera.

Todas estas condiciones dan La tormenta perfecta.

Pero no todo es color de rosa, estos trae consecuencias. Al tener “series-películas” de mayor duración, mejor guion, mejores actuaciones, tenemos por otro lado más “adicción”, más dificultad de parar de ver (una más y me voy a dormir como si fuera un vaso más de vino o un cigarro más) y a su vez, en el recorrido de las temporadas uno comienza a generar mayor empatía y conexión con los personajes de ficción y al momento de una tragedia hay efectos en la psiquis humana.
Pongo como ejemplo la reacción de la gente frente al capítulo de Game of Thrones “Red Wedding” (no hay spoilers)

O quien podría olvidar la intensidad de la escena de Lost “Not penny's boat” (nuevamente me cuido de los spoilers)
 

Esto no pasaba antes.

Hay pocos estudios realizados hasta el momento pero ya podemos encontrar las series tomadas como una adicción, como indica un estudio de Neuromarketing Labs (link de la nota en español: http://www.marketingdirecto.com/actualidad/marketing/un-estudio-de-neuromarketing-lo-confirma-breaking-bad-y-otras-series-de-tv-provocan-adiccion/) dónde se han encontrado que las series populares “pueden llegar a originar síntomas físicos de adicción en el espectador”. En la nota adjuntada, también, se detallan los síntomas muy similares a los que aparecen en un estado de abstinencia, cuando el espectador es privado de su serie favorita. Probablemente este nuevo concepto del “Binger” posea alguna de estas características aunque aún no hay una comparación al mismo nivel que una droga fuerte.

Otro componente son los aparentes duelos, algo menos estudiado. A los largo de varias temporadas es de esperar que el espectador incremente el grado de identificación con uno o varios de los personajes de su serie favorita, una especie de encariñamiento que se va desarrollando. ¿Qué ocurre cuando hay una muerte violenta de este personaje? Recurso que encontramos cada vez de manera más seguida en algunas series, el público primero queda en un estado de shock y luego viene una elaboración, un trabajo para incorporar la idea de que ese personaje ficticio no está más. Similares síntomas se han visto cuando finaliza una serie. Aclaro desde luego que no puede compararse con la elaboración de un duelo de una persona real. Hasta el momento, en mi consultorio por lo menos, ningún paciente ha venido a hablar del fallecimiento de algún personaje de alguna serie.

Algo positivo agregaría a la elaboración de duelos, es que las series al ser ya un fenómeno masivo, y acá me gustaría mencionar Lost como La serie que marca una bisagra en cuanto a fenómeno global cultural, que permitió el acercamiento de cualquier hijo de vecino o Doña Rosa a las series y salir del marco geek o nerd en el cual un poco enfrascada estaba antes, y ahora uno puede hablar de la perdida de tal personaje con el compañero de trabajo, amigo, novia o amante. Recuerdo luego de ver el final de Lost ir en el subte charlando con un colega y se nos unieron dos pasajeros más en nuestras disertaciones por tres estaciones por lo menos.

Una última cosa a tener en cuenta, hay que cambiar de nominación “series televisivas” debido a que ahora las series no pertenecen más sólo a la televisión, hoy podemos encontrarlas en el campo de la Internet también. A su vez que hay series como Breaking Bad o How I Met you Mother que cuentan con páginas de Internet o libros que se suman a la experiencia de la serie, propongo el nombre de “Narrativa hipermedia”. Las cosas se han complejizado, no nos quedemos atrás.

Lic. Francisco J. Piagentini

martes, 18 de febrero de 2014

Fútbol cinco



Llueve. Pero no veo la lluvia. Sé que llueve porque la escucho, en el techo de chapa. Por momentos no se puede escuchar nada más que la lluvia. También huelo la lluvia, viene con el olor del pasto sintético. El aire que respiro es pesado, se mueve lento, me rodea todo el cuerpo. Mis manos están transpiradas. Siempre transpiran pero los días de lluvia más se nota. Veo que empieza el partido pero no puedo moverme, fui el último en decir que no iba al arco.

No sé si lo estoy viviendo o recordando.

Al lado hay una cancha que está ocupada también. Gente más grande, viejos. Se mueven despacio, sin gracia, y cuando hacen un gol lo gritan muy fuerte. Las otras canchas están desocupadas, especialmente la que no está techada. Allí, algo lejos, si puedo ver la lluvia. La pelota se va afuera, se va lejos, puedo descansar. Aflojo el cuerpo que estaba tensionado. No me gusta atajar, la pelota es chica y dura. Prefiero defender. Sigue lloviendo, la pelota vuelve a estar entre mis amigos. La piden, corren, la pasan, la pierden. Patea el Cabezón al otro arco y se va afuera.

Me parece que es un recuerdo.

Sigo atento. Mis piernas están firmes en la línea blanca, con mi mano derecha me sostengo en el palo derecho. Esta descascarado, casi sin pintura blanca. Lo siento frío. Ya cruzaron la mitad de la cancha, viene el contraataque. Mis ojos se abren, mis sentidos se agudizan, ya no llueve tanto. Ya no escucho la lluvia. Escucho las corridas, las pisadas, las respiraciones. Ya llegaron, están aquí y me dejaron solo.
Son dos. Dos contra uno. Es el momento de la definición. Llegaron en segundos. Laucha la pisa, para la pelota, levanta la cabeza y me mira y después mira al arco, está muy cerca y muy lejos. No puedo adivinar que va a hacer. Salgo del arco, es instintivo, feroz, salvaje. No se puede pensar. Los segundos comienzan a estirarse, el tiempo se vuelve inmortal.
Mientras le achico el arco a Laucha, sin salir del área, por el rabillo del ojo lo veo a Nigre, por la izquierda. En estas canchas no existe el offside. Mis compañeros de equipo corren a mi auxilio pero ya es tarde, lo veo a Juani correr a máxima potencia en cámara lenta, va a mitad de camino. Quedaron todos allá, en el otro arco. Son dos contra uno. ¿La pasa o patea? Nigre la pide. La va a pasar. Ya no huelo la lluvia, ya no hay olores. Sólo queda el tambor que hay en mi pecho. Retumba en toda la cancha y regresa en el eco. La pasa. Se la pasa a Nigre. La pelota va rápido, girando. No sirvió anticiparme, no llego. Me estiro más. Sigo sin llegar. Juani ya casi llega. Casi. No llega. Llegó a Nigre, rebota en su pie y entra al arco, limpia. Escucho la red como la acaricia. Gol para ellos.

Es un recuerdo.

miércoles, 29 de enero de 2014

Crónica de una histeria anunciada

Dos psicoanalistas entran en un bar
David y Francisco se conocían luego de haber transitado un curso sobre Algoritmos lacanianos el semestre anterior. Eligieron una mesa junto a la ventana, llovía bastante aquel mediodía, y luego de las trivialidades usuales y pedir unas hamburguesas David notó que Francisco estaba callado:
-¿Qué ocurre? Casi no has tocado tu hamburguesa
- Ayer ocurrió un crimen en mi casa
Hubo un silencio, solo se escuchaba como la lluvia caía. David dejo de lado la hamburguesa, que iba por la mitad, y levanto la vista. Tenía un ojo de vidrio muy azul con el cual solían bromear con que podía ver el alma de los pacientes, ahora ese ojo se clavaba en Francisco.
-Y yo fui la victima
-¿Qué ocurrió?
- Una mujer, siempre es una mujer. Vino a mi casa y luego de unas copas de vino frente a un intento de seducción me rechazó, y esto me tiene angustiado
- Ajá… contame que paso desde el principio – mientras se frotaba la calva poblada de unos pocos rebeldes y grises cabellos.
- Uh – Francisco hizo una pausa y luego de un sereno suspiro prosiguió- el principio fue hace 7 meses. La conocí el mismo día que comencé mi noviazgo, solíamos cruzarnos a la salida de la biblioteca para volver conversando en el subte, como amigos.
-¿Su nombre?
-¿Acaso importa? Todas son iguales.
La lluvia empezó a caer con menos fuerza, ya no hacía falta elevar tanto la voz para hablar. El bar se encontraba casi vacío a excepción del mozo que estaba en el umbral mirando la lluvia y el encargado que hablaba por teléfono en la barra, aparentemente con su madre.
-¿Y ahora que te separaste la invitaste a salir?
- No, ella me invitó a salir cuando le conté que me estaba separando. Me pidió mi teléfono y me dijo que teníamos que ir a tomar algo.
-Interesante –mientras jugaba con su canosa barba - ¿Qué ocurrió después?
-Acepté ¿Qué iba a hacer? Soltero nuevamente era momento de salir
-Pero ¿Tenias ganas de salir con ella? – mientras repasaba con los dedos los botones de su camisa rosa a lo largo de su ancha barriga
-¿Qué clase de pregunta es esa? Es una mujer muy atractiva. Cuestión que la invité a cenar a un restaurant de buena categoría, luego a mi casa y como te decía, después de unas copas de un buen vino vi una oportunidad, la usé y me frenó, me dijo que había entendido todo mal y dedicó dos horas a marcármelo para luego pedirme plata para el taxi e irse.
- El deseo de la Histeria es deseo de insatisfacción – mientras largaba una bocanada de humo de un cigarro recién prendido.
- Emm me parece que no se puede fumar acá.
- ¿Y cómo voy a bajar la hamburguesa? – mientras le daba otra pitada al cigarro.
- A ver si entiendo, me decís que esta mujer me quería dejar insatisfecho, que este era su objetivo
- Así operan, pero recuerda que es inconsciente. No lo tomes personal, te generan el deseo para después negarlo, y ambos quedan insatisfechos
- Señor acá no se puede fumar, le voy a tener que pedir que apague su cigarrillo – el mozo había aparecido de la nada. Ya no llovía.
- Ya lo termino, deme un minuto – mostrando su amarillenta sonrisa de tanto tabaco
- Te dije que no se podía fumar acá
- Te equivocaste en algo también – largando su última bocanada y apagando el cigarro en el plato lleno de sobras – no solo fuiste víctima, fuiste cómplice también.
-¿Cómo puede ser?
- Jugaste su juego desde el principio Francisco. Jugaste el eterno juego de seducción como te comandaron, como comanda nuestra sociedad. Hiciste todo según el libro de las citas y crees que fallaste cuando fue un éxito.
Se hizo un largo silencio entre ambos, parecía que el sol estaba a punto de asomarse cuando se nubló nuevamente.
-¿En qué pensabas? – preguntó David mientras revisaba la caja de cigarrillos nuevamente
-Que ni siquiera tenía ganas de besarla, pero en ese segundo que vi mi oportunidad actué sin pensar, actué sin querer… como si tuviera que cumplir una orden de afuera
- Y después vino la herida narcisista y ella vio que flaqueaste y aprovechó esa debilidad. La histérica tiene algo del orden de lo agresivo que sabe muy bien poner en juego. Esa es la parte que te humilló, se quedó dos horas más en tu casa y luego te pidió plata para el taxi.
- Esa es la parte complicada, ya que a pesar de generarme angustia no uso palabras hirientes.
- Las que mejor usan el discurso son las histéricas y por lo que escucho te dejo al margen, no pudiste replicar
- Quede paralizo, no me lo esperaba. En el pasado siempre había funcionado usar la misma estrategia
- Entonces fuiste víctima, cómplice y testigo – mientras prendía un nuevo cigarrillo – y ella planeó esto por 7 meses, esperando el momento más vulnerable que pudieras estar, que fue cuando te separaste de tu última novia.
-¿Otro cigarrillo más?
- Es el digestivo, ahora lo termino en el baño – se levantaba de la mesa
- ¿Y porque a mí?
- No olvides Francisco como decía Lacan, que la histeria barra al otro para alojarse en la falta – se dirigía en dirección al baño sosteniendo el pantalón, con su característica renguera, evitando la mirada del mozo que estaba empezando a percibir el olor del cigarro nuevamente
Estaba saliendo el sol finalmente mientras Francisco trataba de comprender esa última frase. Siempre, todos esos meses, se mostró completo, omnipotente. Con sus trabajos, sus pacientes, sus estudios y títulos, sus ingresos, su casa propia y su novia. Siempre se mostró frente a la histeria completo y nada seduce más a una histérica que un boludo que se cree completo, evitando reconocer sus propias faltas.

lunes, 23 de diciembre de 2013

El viejo ascensor – Por Francisco J. Piagentini



Elvia trabaja en una agencia de turismo. Es muy puntual y nunca falta. Le gusta oler el café que hace en la mañana. Sus compañeros de trabajo suelen verla de movimientos lentos, casi como si se moviera en cámara lenta pero acuerdan que es agraciada. Pelo largo, rubio no natural.
Es muy meticulosa para elegir las verduras y frutas en el supermercado. Siempre las inspecciona de manera ocular con detenimiento, las toca para sentir su textura y las huele, lentamente, con un profundo suspiro que infla sus pulmones mientras cierra sus ojos y las acerca a su arqueada nariz, actividad que le toma siempre un buen tiempo. Probablemente sea el motivo por el cual dejo de ir a la verdulería de la esquina.
Usa siempre guantes de limpieza cuando lava los platos y el resto de la casa. Todos los sábados a la mañana limpia, como un ritual, su departamento en el quinto piso desde muy temprano.
Elvia ama la nieve pero vive en un lugar donde jamás nieva.
Otra particularidad es que tiene una firma grande y compleja, ocupa mucho espacio al firmar. Esto incomoda mucho a los carteros cuando le entregan la correspondencia  ya que no deja espacio para las otras personas.
Va a clases de francés una vez por semana y espera algún día ponerlo en práctica.
Vive sola por elección, pero no se sabe si de ella o de los hombres que la conocieron.
Aquella mañana como todas las mañana había salido a correr una vuelta al parque antes de ir a trabajar, con su inmaculada musculosa blanca y pantalones deportivos. Al entrar al pasillo saludó al portero que siempre está en la puerta a esa hora y se dirigió al ascensor:
– Tulio ¿sabe porque no baja el ascensor? – mientras presionaba repetidas veces el botón.
– A ver señora Elvia espéreme un momentito –cerro la puerta de calle mientras caminaba hacia ella – a ver déjeme probar – vuelve a tocar con más fuerza el botón del ascensor – parece que está en el quinto – mirando a través de la abertura de la puerta de hierro.
Tulio es encargado del edificio. Disfruta saludar y conocer a medio barrio. Tiene algo de acento que delata ser del interior del país, pero no se sabe bien de que parte. Tulio fantasea en silencio con aventuras, escapes, con ser un agente secreto. Fantasías que mantiene desde su infancia y nadie conoce. Ama las películas de James Bond. Suele tratar de imitar a Roger Moore, su James Bond favorito, frente al espejo con una toalla en su cintura mientras juega con su prolijo bigote cada vez que esta por entrar a la ducha.
Tulio tiene la certeza de que en algún momento alguien escribirá su biografía.
Le gusta el olor del limón de los productos de limpieza que utiliza, suelen recordarle a un limonero que había en el patio trasero de su casa de la infancia. Odia el olor de las tortas caseras y hasta a veces se pregunta porque odiaba tanto ese aroma, sin encontrar respuestas.
Tulio es fanático de Atlanta, equipo de fútbol del barrio. Otro dato que pueda tener importancia es que Tulio tiene fobia a los ascensores y a todo lugar cerrado, pero nadie lo sabe y se ocupa de que así se mantenga  a pesar de vivir en el séptimo piso desde hace más de diez años.
Luego de rascarse la cabeza por unos instantes y viendo que la señora Elvia no se movía de su lugar Tulio suspiró y dijo – Ya se lo bajo.
A estas alturas Elvia se estaba poniendo nerviosa porque estaba demorando más de lo acostumbrado y no quería romper con su marca de cero ausentismo. Que dirían sus compañeros se le repetía en su cabeza mientras que su corazón no paraba de bombear sangre a todo el cuerpo. Se le cruzó por primera vez usar las escaleras, Elvia nunca usaba las escaleras, pero ese pensamiento fue interrumpido al escuchar como se golpeaban las puertas del ascensor.
– Tulio – elevó la voz Elvia lo suficiente para que sea audible pero sin gritar – ¡Sigue sin bajar! Por favor pruebe desde adentro.
Se volvió a escuchar las puertas tijeras que rechinaban y luego de unos segundos, que para Elvia parecieron una eternidad, bajó Tulio con el ascensor. Pero, en el recorrido de bajada hizo una imprevista escala en el tercer piso, donde subió Demian.
Demian hace publicidades web. De aspecto juvenil, vive sólo. Su actividad preferida es ver las nubes en el cielo a la hora de la siesta a través de una pequeña ventana que tiene en la cocina del departamento que alquila en el tercer piso. Si alguien alguna vez le preguntara donde le gustaría vivir el contestaría que su lugar es en una publicidad de perfumes.
Pasa horas en Facebook y tweeter pero no las usa como redes sociales sino como biblioteca o agenda de anotaciones de aforismos. Suele guardar notas periodísticas de diarios y revistas culturales para algún futuro que nunca llega. No publica para compartir pero se alegra si recibe “me gusta” de sus conocidos. Demian es de esas personas que nunca saltea las publicidades de youtube, las ve completa buscando algo que no sabe que es.
A Demian le encanta el electro swing  y lo baila secretamente en su casa.
Antes vivía con sus padres con quienes no tiene una buena relación. Su madre nunca lo entendía en sus gustos y hoy en día tienen poco dialogo, ella nunca apoyó su carrera. Su padre siempre fue un hombre muy callado, sabía muy poco de él y daba la sensación de haber tenido una infancia muy dura.
Ve dibujos animados a diario.
Hete aquí que Elvia estaba tan apurada que al llegar el ascensor a la planta baja, sin dar tiempo a que bajen sus ocupantes subió sin miramientos y presionó el quinto con premura, cegada por sus cíclicas reflexiones. Demian sonrió sin recibir contestación a esta vecina que tenía de vista. Tulio ahogó comentario, amagó a decir algo pero no quería contrariar a la señora Elvia, pensaba para sus adentros que solo serían unos minutos más. Tulio recordaba que ya había viajado en aquel viejo ascensor en dos oportunidades, obligadamente, y había logrado sobrevivir cada una de esas veces
Cuando iban por el segundo piso, Elvia respiro y notó por primera vez los dos polizontes que la acompañaban pero no emitió comentario. Cuando el viejo ascensor llego al cuarto ocurrió lo primero que estaba previsto. Frenó.
Al principio los tres viajeros cruzaron breves miradas algo sorprendidos sin emitir palabra. Elvia abrió los ojos muy grandes, lo más grande que abrió sus ojos en su vida y comenzó a tocar todos los botones cada vez con mayor fuerza una y otra vez, pero el viejo ascensor no se movía. Los dedos de Elvia se ponían cada vez más morados de tanto presionarlos cuando Demian señaló lo obvio:
– Parece no funcionar
– ¡Pero que desatino! Justo hoy tenía que pasar no lo puedo creer – ya dándose por vencido de su lucha contra los botones Elvia empezó a mover con fuerza las puertas que estaban entre los pisos cuarto y quinto – ¡Voy a llegar tarde a mi trabajo no lo puedo creer! Me van a echar por culpa de este ascensor, que desprolijidad –dijo con vehemencia.
– Probemos la alarma – señalando el botón rojo.
– No funciona – habló Tulio por primera vez desde el rincón. Sus sobresalientes cachetes estaban tornando hacia un cálido morado.
– Señor Tulio ¿Se encuentra usted bien? – Demian preguntaba señalándole una de las gotas del rostro de Tulio.
– Estoy un poco incómodo, como que falta el jairecito ¿no? – ya las manchas de sudor se destacaban en la camisa gris.
Pasaron algunos minutos de silencio hasta que Elvia empezó a hacer algo que hacía muchos años que no hacia: gritar, gritar por ayuda, pero era inútil. Eran los últimos inquilinos del edificio desde que los desalojos habían comenzado. Esta información la manejaba Tulio pero no estaba en condiciones de compartirla.
– ¿Alguien tiene el celular encima? – preguntó Demian que se sentía en una situación cada vez más incómoda por los compañeros de ascensor que le tocaron – yo salí a comprar facturas sin él.
– Yo vengo de correr querido –dijo algo molesta, ojeándolo sobre el hombro.
– Mi celular – volvió a tomar otra bocanada de aire con seria dificultad – no lo llevo cuando trabajo.
– ¡Pero Tulio a usted le parece! Es su responsabilidad en caso de emergencias tiene que tener su celular encima en todo momento, voy a presentar una queja ante el consorcio – Elvia prosiguió con el reto pero ya Tulio, que cada vez le parecía el ascensor más pequeño, no podía escucharla – Encima no anda la alarma y usted no hizo nada para arreglarla…
Demian meditó y practicó en su cabeza varias veces lo que iba a decir, palabra por palabra mientras Elvia continuaba con el reto. Estaba algo molestó con ella por ser la culpable de que él este en aquella situación. Se animó: – Señora por favor tranquilícese, así no vamos a solucionar nada – Elvia le clavó una mirada de furiosa potencia mientras callaba, Demian en tono mucho más bajo prosiguió – mire como esta Tulio, me parece que no se siente bien.
Tulio no escuchaba, miraba fijamente el piso y trataba de distraerse viendo las gotas de sudor  como decoraba el piso de madera gastada, formando raros dibujos. Sonreía, le pareció ver la forma de un limón – Me gusta el limón – dijo como contestación. Elvia y Demian se miraron a los ojos, levantando ambos las cejas muy arriba.
Por segunda vez, Elvia hizo otra cosa que no hacía desde un tiempo, se fijó en otra persona. Hacía años que no pensaba en alguien más que en ella, no se dio cuenta igualmente que lo estaba haciendo:
– Tulio, no tiene usted buen aspecto ¿Qué le pasa?
– ¿Quiere tomar asiento? – Demian agregó con inmediatez.
Tulio captó la última parte con esfuerzo y decidió sentarse lentamente. Decidió sentarse, se repetía en su cabeza, tal vez en el piso haya más aire.
– Pero qué barbaridad, se viene a descomponer ahora. Igual no lo reto más Tulio discúlpeme, esta situación me saco de mis casillas – Mientras Elvia se sentaba a su lado y le sostenía la mano. Elvia estaba algo cansada de correr. Olvidó por un rato su trabajo y sus cosas para tratar de ayudar a Tulio.
– Supongo que alguien ya aparecerá – Dijo Demian mientras se sentaba y compartía su tímida sonrisa a los otros. Demian ya no estaba enojado con Elvia por estar en esa situación, los minutos que ya compartían lo ayudaron a entenderla.  Le recordaba a su madre.
– Una vez – dijo Tulio luego de unos silencios– mi padre, que era un hombre muy respetado, panadero del pueblo donde nací, me encerró como castigo en el sótano del negocio toda una noche. No recuerdo que hice pero si el miedo que pasé. Mucho miedo que no puedo olvidar. Mi padre era de pegarme mucho cuando era chiquito – parecía que Tulio se había ido a un lugar muy lejano de su memoria, estaba a muchos kilómetros de distancia – Todo estaba muy oscuro en ese sótano y sólo me había dejado una velita – unas lágrimas sin permiso comenzaron a ocupar sus ojos, parecía que Tulio se esforzaba para que no escaparan – pero esto es lo más curioso – tragó saliva mientras se acomodaba más derecho – hasta hoy, el miedo era lo único que recordaba –sonrió, aún con las lágrimas acomodándose en sus ojos – pero ahora acabo de recordar que mi mamá a la mañana siguiente me rescató. Estaba con un vestido blanco, largo y una bolsa de frescos limones que perfumaron todo el lugar acompañando la luz de la mañana – se permitió parpadear Tulio y finalmente esas lágrimas pudieron recorrer libres sus sobresalientes cachetes - Nunca más vi a mi padre,  nunca más me pegó. Nos mudamos a la Capital esa misma mañana.
Elvia lloraba también, se había conmovido profundamente con ese relato. Hacía diez años que lo conocía y no podía creer que nunca se había detenido a hablar con él ni una sola vez.
Demian no paraba de sonreír alegre, era un momento reconfortante, sentía una paz que nunca había sentido y estaba agradecido por haber escuchado a su portero con el cual solo compartían saludos educados. De alguna manera, esto le hacía comprenderse más a sí mismo.
Lo segundo que estaba previsto ocurrió en ese instante. El viejo ascensor hizo un último viaje hasta la planta baja con la particularidad de que nadie logró salir del mismo.